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La introducción del cristianismo
Los contactos con el extranjero significaron fuertes influencias culturales, sobre todo en el ámbito religioso. Ya a principios del siglo VIII, el misionero Willibrord intentó difundir el cristianismo entre los daneses. Desde un principio, los misioneros y la política estuvieron estrechamente ligados.
Aparte de difundir el evangelio, los francos deseaban ejercer su influencia en Dinamarca y algunos de los pretendientes al trono danés se declararon aliados suyos. Harald Klak pidió el apoyo de Luis I el Piadoso, propiciando así la entrada de un ejército franco en Jutlandia, en el año 815.
En el año 826 se hizo bautizar, pero al ser expulsado de Dinamarca al año siguiente, su misionero, Ansgar, no logró demasiadas conversiones. Sólo veinticinco años más tarde pudo fundar iglesias en Hedeby y Ribe, iglesias que duraron muy poco.
La conversión de Dinamarca al cristianismo, cien años más tarde, fue consecuencia de la presión política ejercida por los alemanes. En el año 948, Otón el Grande nombró obispos para las diócesis de Schleswig, Ribe y Århus dependientes del arzobispado de Hamburgo-Bremen.
Sometido a esta presión, Harald I Diente Azul decidió convertirse al cristianismo hacia el año 965, aunque se hizo bautizar por un misionero, Poppo, que no provenía de Hamburgo-Bremen, siendo incierto si los obispos que fueron nombrados en el 948 llegaron a ejercer sus funciones en Dinamarca, pues la enemistad que Harald sentía hacia Alemania habla en contra de tal hipótesis.
Svend I Barba Partida y Canuto II el Grande trajeron eclesiásticos a Dinamarca desde Inglaterra y, probablemente, Canuto haya tenido la intención de organizar la Iglesia danesa en estrecha colaboración con la inglesa, posiblemente con Roskilde como arzobispado bajo Canterbury, a semejanza del arzobispado de York.
Svend II Estridsen llevó a cabo una verdadera reorganización eclesiástica en 1060 repartiendo el país en ocho diócesis: Schleswig, Ribe, Århus, Viborg, Vendsyssel, Odense, Roskilde y Lund. También trabajó intensamente por la creación de una sede arzobispal danesa e independiente, aunque fue Erik I el Bondadoso quien, en el año 1103, consiguió convertir la ciudad de Lund en sede del arzobispado de todos los países nórdicos.
Niels Lund, Gyldendal Leksikon